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Primer seguro en el acantilado de 300 m.
foto:Sergio Ramírez Carrascal |
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MONTAÑISMO A NIVEL DEL MAR
El siguiente artículo en nada se relacionaría con el montañismo, ya que lo hemos llevado a cabo a nivel del mar e iniciando la actividad en descenso.
Pero nada más cercano al montañismo que realizar 300 m. de bajada en rapel sobre acantilados verticales y terreno bastante inestable. Combinando el regreso en ascenso por cuerdas fijas, seguros poco fiables y un calor insoportable a casi 0 m. sobre el nivel del mar, y para completar el paisaje, un cóndor andino muy cerca de nosotros.
Ahora no creo que alguien dudará si la actividad realizada durante este verano en la costa de Perú, tenga poco que ver con el alpinismo.
Imaginar un lugar secreto, accesible sólo para quienes se dedican a la difícil labor de recolectar mariscos, donde existen kilómetros de costa virgen poblada por miles de lobos marinos, bajo la tutela hambrienta de cóndores andinos apostados entre los verticales acantilados costeros y ser testigos de una parte de la cadena alimenticia animal, sigue siendo un espectáculo difícil de ver. Si a esto le sumamos la presencia de Orcas y Ballenas en las zonas alejadas de su litoral, todo se amalgama en un lugar mágico, de ensueño; mejor aún, apenas a 4 horas de Lima.
Hace unos años, cuando pasaba el verano en el poblado de Huarmey, algunos “mariscadores”, me referían de un lugar, a una hora del pueblo, donde había que descender un acantilado y alcanzar una playa con abundancia de mariscos y lobos de mar en estado absolutamente salvaje.
… solo es para “machos” me comentaba un robusto pescador mientras terminaba su última cerveza…
Como todos los proyectos interesantes, la idea se fue ordenando, incluso hicimos un reconocimiento de la zona y aquel acantilado referido, resultó ser un barranco de casi trescientos metros hasta la playa con zonas muy verticales y tierra suelta de mucho cuidado. Calculamos el material y tiempo necesario para finalmente realizar todos los preparativos y descubrir aquel mundo perdido.
Teniendo como base nuestra experiencia de montañistas, tres amigos y quien escribe, abordamos nuestro potente transporte motorizado que luego de una hora por duras arenas sueltas y pendientes, logró alcanzar el sitio correcto para iniciar la caminata. Precisaré que en varios tramos tuvimos que bajar a empujar la “máquina”, que no era más que un colorido moto taxi de nombre “Piero”, el cual se portó a la altura de las circunstancias.
Esta vez, el objetivo no se trataba de alcanzar una cumbre nevada en la cordillera de los andes o superar la cota seis mil metros. Resultó que descenderíamos al nivel del mar, utilizando todo el material de alpinismo que llevamos y pensando que nuestra recompensa estaba muy abajo, donde reventaban furiosas olas.
Tras abandonar nuestro transporte e iniciar una caminata de casi media hora, alcanzamos una capilla en homenaje a un mariscador fallecido por aquellos parajes tan remotos, soleados y secos.
Atinamos en salir al amanecer de Huarmey, por lo que no tuvimos problemas con el fuerte sol a primeras horas de la mañana, pero más tarde, el intenso calor nos consumió de manera increíble.
Nos acercamos a los acantilados y nuevamente observamos la buena cantidad de metros que nos esperaban hasta abajo; precisamente en un momento en que oímos los potentes rugidos de los lobos marinos al notar nuestra presencia, quedamos atónitos al observar en una pendiente del acantilado, un enorme cóndor andino, que apostado en una roca, escogía su mejor presa trescientos metros más abajo. Nuestro curioso compañero, había descendido unos 400 kilómetros ó más desde la sierra y perdido un desnivel de seis mil metros en descenso. Lógicamente tendría que hacerlo de regreso. Las corrientes aéreas favorecen los vuelos de estos gigantes del aire ya que solamente se dejan llevar por las corrientes y vientos.
Llegamos a la conclusión que la presencia del ave se debía a que precisamente durante los meses de verano costero, se produce el nacimiento de miles de crías y esto es aprovechado por los cóndores y gallinazos que se alimentan de las placentas o pequeños lobos abandonados o enfermos.
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