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Aperturando en la Esfinge de Parón - Perú
foto:Antonio Gómez Bohórquez |
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ANTONIO GOMEZ BOHORQUEZ "Sevi"
Escalar terreno virgen es bastante más creativo, y la satisfacción que produce descubrir la ruta más factible dentro de la dificultad es muy superior a la de repetir lo que antes escalaron otros o la de estar obligado a recorrer un trazado ilógico,
Antonio Gómez Bohórquez, llamado «Sevi» por sus amigos, nació en Puerto Real (Cádiz) en el año 1954. Comenzó a practicar montañismo en Murcia, a finales de la década de 1960. Documentalista, y bibliotecónomo, especialista en microfilm y gestión de archivos fotográficos, trabajó en la redacción de Diario 16. Entre sus ascensiones, a montañas de Europa, Asia, Norte de África y América, cuenta con nuevas rutas de dificultad en la cara norte de la Cima Grande de Lavaredo (Dolomitas, Italia, 1976), la cara sur de La Visera (Mallos de Riglos, España, 1978), el Pilar del Cantábrico del Naranjo de Bulnes (Picos de Europa, España, 1981), la cara este y la cara sureste de La Esfinge (Cerro Parón, Cordillera Blanca, Perú, 1985 y 1988), y otras más en paredes rocosas españolas. Autor de audiovisuales, de artículos especializados y de los libros La Cordillera Blanca de los Andes (Desnivel, Madrid, 1998) y Cordillera Blanca, Escaladas, Parte norte (AndesInfo, Murcia, 2004) es reconocido estudioso de las ascensiones en las cordilleras del norte de Perú, cuyos macizos montañosos visita durante largos periodos de tiempo. Consultado a menudo por revistas y anuarios internacionales de alpinismo, desde el año 1982 recoge, gestiona y difunde datos e información andina.
Luego de las primeras ascensiones en la cordillera blanca, poca gente se preocupó de realizar un verdadero trabajo de investigación acerca de la historia referente a vías nuevas y por supuesto ser partícipes en muchas de ellas.
"Sevi" acaba de publicar un nuevo libro referente a las principales vías en la zona norte de la cordillera blanca.
En 1985 junto a su compañero de expedición, apertura la primera vía a la "Esfinge" en la zona de Parón, una pared que se ha convertido en el símbolo de la escalada en roca del Perú.
La Esfinge de la Cordillera Blanca se ha convertido en el símbolo de la escalada en roca en el Perú. La primera vía, vuestra apertura del año 1985 marcó el inicio de la escalada en grandes paredes de roca pura en los Andes peruanos. ¿Cómo descubriste esta impresionante pared?
En el año 1982 encontré en Huaraz a Paco Aguado y Américo Tordoya, que habían intentado escalar hacía unos días el espolón este de La Esfinge. Me recomendaron que fuera a verla y que la escalara.
Tras la apertura en el 85 muchas expediciones se han dirigido a esta zona de Parón en busca de nuevas rutas o repeticiones varias. Dada la evolución del material de montaña, ¿consideras que aún queda algo por escalar allí?
En la quebrada de Parón aún hay mucho por escalar. El problema de allí es con orientación norte tienen abundante vegetación en las zonas bajas, y pocas fisuras en las altas. Las murallas rocosas orientadas al sur suelen tener menos vegetación debido a la falta de fisuras.
Has escrito libros acerca de la Cordillera Blanca y sus vías.
En estos tiempos de cambios respecto a desglaciaciones, ¿se puede catalogar la dificultad una ruta de montaña, en nieve y/o hielo, de una manera específica?
Cualquier alpinista sabe que el grado de dificultad de las escaladas en hielo o en terreno mixto no es constante. Es muy difícil precisar la dificultad de las rutas de escaladas de los nevados, sobre todo porque las condiciones glaciares cambian cada año e incluso en una misma temporada. Los efectos del retroceso glaciar contribuyen, por supuesto, entre otras cosas, a que cada vez sea más difícil afirmar que tal o cual ruta tiene una determinada dificultad.
Vivimos en un país montañoso. ¿De qué manera piensas que se podría impulsar la práctica del montañismo en el Perú por pura afición, sin la antigua concepción de que para practicarlo hay que aspirar a la profesionalidad?
Se puede impulsar por medio de esa parte de la comunidad andinista cualificada dispuesta a enseñar desinteresadamente las técnicas y los valores del montañismo. Es conveniente que se inculque el amor a la montaña. También se debiera impulsar mediante cursos, reuniones, charlas, conferencias o proyecciones de montañistas con experiencia, recomendaciones bibliográficas, salidas regulares a la montaña, etc.
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